sábado, 3 de octubre de 2009

AMOR ODIO

Mi relación con la comida es algo así como una relación enfermiza de dos amantes que no se quieren, pero se necesitan.

Me molesta comer sola en público, como cuando te incomoda besar a tu novio en un lugar público, o en medio de una fiesta.

Cuando era pequeña, la comida era uno de mis juguetes, con el cuál jugué hasta salir lastimada. Solía jugar a que los frijoles refritos eran caviar y yo era una muchacha rica. Veía mucha televisión y siempre que bebía sidral mundet pensaba que era un wisky y yo una alcohólica adolescente de beverly hills 90210.

Cuando murió mi abuela, mi compulsión por jugar toda la tarde se convirtió en mi compulsión de comer todo lo que se me atravesaba: una vez mi hermana y yo nos empachamos con salchichas, fue mi culpa, simplemente no quería dejar de comer.

Luego fue distinto, la secundaria, las faldas cortas, los chicos y las cinturas que cada vez se marcaban más a mi alrededor me hicieron cambiar de parecer.

Enfermé fuerte de gripa, estuve como tres días sin probar bocado y descubrí que mis pantalones no apretaban tanto, en resumidas cuentas eso fue el principio de un proceso que me llevó de la talla 15 a la talla 5 en unos cuantos meses.

Ahí estaba yo, con la cabeza llena de chinos y la cintura más breve de mi salón, pero también tenía las ojeras más pronunciadas y los peores problemas en materia de defensas.

Me cayó el veinte un día luego de un par de desmayos, tenía que comer y comer bien.

Entonces recuperé la confianza, deje de fijarme en las calorías y deje de comer de manera TAN compulsiva, regresé a la talla 11, luego a la 9 y así anduve largo rato.

Luego regresé al ejercicio, empecé a correr para huir de los amores cobardes, empecé a cuidarme y a retomar las cosas y ponerlas en su lugar.

Ahora soy talla 5 a casi 15 años de haber empezado con la relación más problemática de mi vida.

Es triste pensar que todo lo que como me cae mal, o que cada vez que como algo sabrosote y grasoso deseo con todas las fuerzas que me caiga mal y me induzca una diarrea de esas severas que te deja con el vientre plano y una hermosa sensación de ligereza.

Supongo que la comida y yo tenemos un matrimonio de esos viejos: nos llevamos bien en las fiestas, nos aborrecemos a la hora de desvestirnos e ir a la cama y somos cordiales en público, pero no nos queremos, no podemos dejarnos y, desgraciadamente, yo sigo sin quitarme la compulsión.

4 comentarios:

Rafael Erre dijo...

Leí con Susa esto, nos mataste de risa. Te amamos :)

polvo de menta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernanda dijo...

A veces yo quisiera ser también talla 5... Supongo que no lo hago porque esas enfermedades son mal vistas socialmente y tienen connotaciones que como mujeres "modernas" no queremos aceptar. Justo ahora lucho por no comerme un Kinder Delice...

Viridiana dijo...

Cómetelo, no te comas diez, cómete uno y siéntete feliz, para estas alturas ya no sé que talla soy , cinco ya no, pero no importa, creo que nunca dejaré de ponerle peros a mi cuerpo, lo importante es que lo que comes sea por disfrutarlo, no nomás por comerte algo